Nacer de nuevo

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En el mundo podemos toparnos con personas que afirman ser creyentes de Dios, que reconocen que Él existe, que creó todas las cosas y aún pueden afirmar que Jesús es el Hijo de Dios, que vino a este mundo a morir por los pecados de la humanidad y que Él es su único y suficiente salvador. Considero que si cada persona que afirma creer en Dios de esta forma, debe contarse como un verdadero cristiano, por lo menos cada ciudad debería estar llena de iglesias bíblicas, donde no hubiese espacio para sentar a tantas personas, donde los cines, las playas, los parques y tantos otros lugares de entretenimiento, quedarían casi vacíos, por lo menos los días domingo. Ahora, no estoy diciendo que sea pecado ir a una farmacia o comprar alimentos ese día, pero debemos recordar enfáticamente que el domingo es el día del Señor y las principales actividades que debemos hacer son con fines espirituales. Así que vamos a estudiar la definición de la palabra creer en el NT.

Juan 3:16 Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna

La palabra griega para cree utilizada en este pasaje es “pisteuo” y entre sus definiciones está (tener confianza, considerar cierto, tener la fe). Claramente el pasaje apunta a confiar en Jesús, el unigénito Hijo de Dios, de modo de que si una persona afirma que es un verdadero cristiano, no sólo reconoce la existencia de Dios y la deidad de Cristo, sino que entiende firmemente el propósito por el cuál Jesús murió y resucitó, esa persona acepta como real y cómo verdad que Jesús es el único camino para ser salvo, pone su confianza, su dependencia total, cree en Jesús, en sus atributos, en su naturaleza y es una confianza permanente. Ahora este pasaje es muy común al momento de exponer las buenas nuevas de salvación, pero note que en esta conversación de Jesús con Nicodemo, en los versículos anteriores, Jesús le dice que es necesario nacer de nuevo (Juan 3:3), sabemos que la salvación es por Gracia, mediante la Fe (don de Dios) en Jesucristo (Efesios 2:8), pero este nuevo nacimiento espiritual del que habla Jesús, no se produce sin antes tener un genuino arrepentimiento, que sólo puede ser posible mediante una clara y correcta exposición del evangelio, es allí que después de entender su condición depravada y perdida asimila la urgencia de acudir a Cristo, doblegando todo orgullo, humanismo, altivez, autosuficiencia para poner su confianza en Cristo para salvación. Es evidente que el mismo Nicodemo aceptó que su bondad moral, su fervor por la religión y el cumplimiento de sus deberes legales, no aportaban ningún requisito, ni lo aproximaban para ser salvo. Esta misma palabra griega es la que también se usa en otros pasajes como (Juan 3:18, 36; 4:39, 41, 53; 6:35; 7:38; 13:19; 16:9; Hechos 2:44; 4:4, 32; 5:14; 8:12; 9:42; 13:48; Romanos 1:16; 3:22; Gálatas 2:16; Efesios 1:13; Filipenses 1:29; 1 Timoteo 1:16)     

Nótese que el mensaje de Jesús al iniciar su ministerio fue “arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado” (Mateo 4:17b) y en el evangelio de Marcos 1:15 nos sigue dando el orden de cómo se produce un nuevo nacimiento “arrepentíos y creed en el evangelio”. También fue el mismo mensaje que siguieron replicando los apóstoles (Hechos 2:38; 3:19; 17:30). Por tanto, comenzamos a ver que un verdadero cristiano, no sólo proclama con su boca la verdad en cuanto al evangelio o en quien ha depositado su fe, no sólo afirma que se ha arrepentido de sus pecados, sino que esa persona ahora vive, practica y obedece la fe.  Me temo que un buen número de personas que asisten a las iglesias “cristianas” no han entendido en su definición bíblica lo que es ser un cristiano verdadero, porque el sólo hecho de asistir a la iglesia, involucrarse en algún ministerio, el repartir tratados o tocar algún instrumento musical, no es señal o evidencia de que somos hijos de Dios, puedo escribir estas palabras con seguridad de lo que digo, principalmente porque la Palabra de Dios así lo afirma y segundo porque yo también fui en un tiempo esclavo del pecado y conozco bien lo que es estar perdido. Sin ningún tipo de elevación ni de creerme superior a los demás, hoy sé que he nacido de nuevo porque el cambio que ha producido el Espíritu Santo en mi vida, es algo que no puedo negar. Amigo lector, el que realmente ha sido salvo, no sólo es justificado del pecado, no sólo ha sido reconciliado con Dios y ha sido adoptado, también experimenta la regeneración interna, es decir, nacer de nuevo espiritualmente, por la acción del Espíritu Santo (Juan 3:5-8), va más allá de no avergonzarse del evangelio, porque esto involucra una transformación radical y completa en el alma (Romanos 12:2; Efesios 4:23) que irá creciendo gradualmente durante nuestro caminar con Dios, lo correcto es tropezar menos a medida que la santificación es practicada en nuestras vidas. Una señal de que somos realmente cristianos, es que no practicamos el pecado, es decir, no cedemos constantemente a todo acto, pensamiento o palabras que constituyan una ofensa a la moral y a la santidad de Dios, cuando éramos esclavos del pecado planificábamos el mal sin ningún tipo de temor, ya que al final estábamos llenando nuestra vida de placeres, deseos y prácticas que no chocaban en nada con nuestro espíritu muerto, era como darle carne fresca a un león hambriento, quien no está considerando si la carne es de un búfalo o de una cebra y menos si está sazonada, lo único que quiere es satisfacer su apetito. Otro punto importante de un cristiano genuino es que no se abstiene de pecar porque alguien lo puede ver o por el que dirán, pero su corazón está deseoso de pecar, ¡No! Todo lo contrario, uno llega a detestar y aborrecer toda inmundicia que, aunque parezca atractivo, sabemos que nos conduce al pecado, que es lo único que afecta nuestra comunión con El Señor y trae consecuencias dolorosas, por eso cada pecado debe ser confesado (1 Juan 1:9). Un tercer punto que puedo resaltar es que la persona verdaderamente convertida, produce actividades espirituales, por ejemplo: practicar la justicia (1 Juan 2:29), aman a sus hermanos en la fe (1 Juan 4:7), experimentan la victoria de la fe sobre el mundo (1 Juan 5:4) y progresivamente los frutos del Espíritu son evidentes en sus vidas (Gálatas 5:22, 23).

Es importante que nos examinemos a la luz de la Biblia, no sea que estemos ayudando a otros a entrar al redil, pero ni siquiera nosotros hemos sido convertidos, creer no lo podemos resumir en sólo aceptar el sacrificio de la cruz como si hubiese sido una transacción, no es como si Dios dijo: ¡Ya te salvé, ahora te espero en el cielo! Porque para salvarnos del pecado y de vivir una vida de pecados nos vino a rescatar Jesucristo, el Diccionario Teológico Beacon expone algo importante en cuanto a la regeneración: “El Espíritu Santo ofrece un cambio tan decisivo en la naturaleza humana que el dominio del pecado, que es natural en el hombre, es quebrantado para que las personas que se arrepienten y creen puedan servir a Dios libremente y seguir sus caminos”. Note lo importante de la parte final, servir y seguir a Dios que traducido es ser un siervo, un esclavo de Cristo, rindiendo toda nuestra vida en adoración, así que si decimos que amamos a Dios, debemos ser vividores y practicantes sinceros de su Palabra

Salmos 85:13 La justicia irá delante de él, Y sus pasos nos pondrá por camino.

Juan 13:15 Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis.

1 Corintios 11:1 Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo.

1 Pedro 2:21 Pues para esto fuisteis llamados; porque también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas

1 Juan 2:6 El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo.

Como conclusión colocaré una contundente verdad expuesta por el predicador Charles Spurgeon en una prédica titulada “La regeneración”, el dijo lo siguiente: 

Es algo sorprendente comprobar cuánto se aproxima a expresar la vida el pintor, y, sin embargo, el lienzo está inerte e inmóvil; y es igualmente sorprendente ver cuánto se puede acercar un hombre a ser cristiano, y, sin embargo, debido a que no es nacido de nuevo, la regla absoluta lo excluye del cielo; y, con toda su profesión, con todas las galas de su profesada piedad, y con todos los vistosos penachos de la experiencia, tiene que ser transportado lejos de las puertas del cielo

Ismael Quevedo